Por el ventanuco entra la claridad de la mañana, es temprano, pero las ganas por levantarme no me permiten acurrucarme entre las sábanas. Abro el ventanal de la habitación, respiro profundamente y siento como los olores de esta Asturias entran por mi nariz invadiendo todo mi cuerpo, y mi alma. Observo a los peregrinos en su caminar a Santiago y en mi mente el deseo de “buen camino”. Así arranca este viaje con un destino muy especial, Otur, parroquia del concejo asturiano de Valdés.
Nuestros anfitriones y sobre todo amigos, nos han ofrecido compartir esos bellos paisajes durante unos días, disfrutando de su casa, “La casa del Priorato”, una casa con historia, que hasta el siglo XVIII fue priorato de monjes benedictinos, y posteriormente vendido en subasta pública con la Desamortización en Mendizábal.
LA CASA DEL PRIORATO
«Obras y reparos de la Casa de Otur – Gastó el Padre Torre en la portada que se hizo en la Casa de Otur, quinientos y veinte y ocho reales. Y en componer la celda donde se pone la escanda y hacer un poco de cerca junto a Casa, veinte y ocho reales. En todo quinientos y cinquenta y seisreales», Domingo 17 de julio de 1707; «Obras de Otur – Según carta que dio el Padre Torre, gastó en diez brazas de pared y una puerta que se hizo en la huerta de Otur, ciento y quarenta reales», Domingo 30 de septiembre de 1708, Libro de gastos 1706-1727 [L9524].
«Datos obtenidos del libro: “Arqueología de la Arquitectura Monástica en Asturias: San Juan Bautista de Corias” de Alejandro Garcia Álvarez-Busto»
Escudo que se encontraba en la fachadaFachada norte, antes de la reformaFachada sur, antes de la reformaLa Casa del Priorato de Carral. Antiguo priorato de monjes benedictinos. Una vez efectuada la reforma.
Fotografía cedidas por nuestros anfitriones y amigos
Después del desayuno y la agradable compañía, empezamos el recorrido dirigiéndonos a la playa de Otur. Mi primer contacto con el mar y que a partir de estos días sería el motivo perfecto para hacer lo que más me gusta, fotografiar.
Volver a sentir el contacto del agua helada del Cantábrico en mis pies, el chocar de las olas, el olor a sal y pasear descalza por la arena, son placeres pequeños y a la vez grandes que despiertan en mí, “felicidad plena”.
¿Qué pasa en este lugar, donde ponen nombre a las casas? Casa Chocolate, Casa Vapor, Casa Gallina, Casa Priorato…. nombres que generación tras generación se heredan y que en la memoria de sus habitantes llega a perderse la razón de su nombre. Donde cada una de ellas, tras sus ventanas y puertas, se esconden historias increíbles y sorprendentes que me hubiera gustado escuchar, “cosas de casas”.
Esta tierra da personalidad a sus gentes. Escuchar a Socorro, la abuela centenaria (101 años), observar su semblante que me transmite serenidad y paz. Sus ojos nos miran con curiosidad, como queriendo seguir escuchando y aprendiendo de los demás. Nos ofrece una caja, en su interior contiene bombones, es su ofrecimiento de bienvenida. A su lado hay otra caja, ella enseña orgullosa su contenido, es la medalla honorifica por cumplir 100 años. Gracias Socorro por transmitirnos tanta vida.
Momentos, atenciones, calidez, amabilidad, hospitalidad y familiaridad son las emociones que me llevo de estas tierras y de sus gentes.
Atardeceres de ensueño, donde los colores se tornan en una gama de amarillos y rojos, pasando por la suavidad del rosa. El sol se esconde jugando entre pinos, playas y acantilados.
Gracias amigos por vuestra hospitalidad y por hacernos partícipes de vuestra casa, que a partir de ahora estará para siempre en nuestro corazón.
Un comentario en “OTUR, donde las casas tienen nombre….”